Miércoles 25 de Octubre de 2006. Llegamos con el tiempo justo a Donosti. El justo para entrar en un bar, tomar una caña, ir al baño y picar algo. Después de un día de trabajo existe cierta apatía entre nosotros, además de las lógicas prisas por recoger las entradas en el Kursaal. Probablemente también influye desconocer el devenir de los acontecimientos. Mi colega Mikel me había hablado muy bien de los directos de Ben Harper y me había asegurado que no me defraudaría, sin embargo pagar 50 euros por ir a ver un concierto te hace ser como poco precabido. El último disco se titula "Both Sides of the Gun", veamos que lado nos enseñan Ben Harper & The Innoccent Criminals esta noche.

Entramos en el auditorio y comprobamos con cierta cautela que las localidades están muy cerca del escenario, cerquisima. Nos sentamos, miramos a los lados y hacia arriba. No sabemos lo que se nos viene encima. El público empieza a abarrotar las gradas y por nuestra zona todo está plagado de Erasmus, todos con sus moviles sacando fotos del escenario. Son las 21:35 y la gente se impacienta. Empiezan los silbidos y la calma tensa se apodera del conjunto del público, heterogeneo como los fondos marinos, cada uno de su madre y de su padre. Por fin nuestros ruegos hacen efecto y el elegido aparece por uno de los lados del escenario saludando y con una copa de vino en la mano. La banda se posiciona y comienza el concierto.
Con la primera canción "With My Own Two Hands", un reggae de su anterior disco Diamonds On The Inside, consigue poner al público de pié, preludio de lo que nos espera. Comienza con canciones del último trabajo. Me parece reconocer "Waiting for you" y "Picture on a Frame" pero el fervor del respetable y el buen rollito con el que parece llegar el grupo me tienen algo nockeado. Ahora se suelta con un temazo: "Steal my kisses" de Burn to Shine, evidentemente esta me la conozco y mi culo se despega metro y medio del asiento. La gente se pone en pié y Ben empieza a conectar con nosotros progresivamente. Parece estar poseido por una especie de ardor compulsivo, entre canción y canción cambia de guitarra y prácticamente sin dar respiro sigue con otro tema. Da la impresión de que sufre si no suena la banda, como aquel que no sabe manejar los silencios en una conversación. Eso sí, cuando está buceando en sus temas se mueve como pez en el agua. Aprieta los puños y saca la voz del fondo de su alma. Nos deleita con temas anteriores, funk, folk y soul se funden para comprobar que este californiano de estilo inclasificable se reinventa con cada latido. Posteriormente continúa con "Forgiven", "Faded" y creo que "Diamonds On The Inside" y consigue que algunos de los asistentes tarareen las canciones. Vuelve con una de las nuevas, la que da título al album, "Both Sides of the Gun" mientras que al fondo del escenario se puede observar un gráfico con dos pistolas acompañando al grupo. La primera parte del concierto acabará con "Black Rain" de forma brutal, canción en la que se hace alusión al huracan Katrina y a la política de Bush en Nueva Orleans.

El grupo se adentra en el backstage. La gente sabe que esto acaba de comenzar, solo llevamos hora y media y echo de menos "By My Side" (finalmente no la canta) o "Glory and Consequence" (esta sí que la toca el muy bandido). Tras diez minutos de pausa hay quien está de pié y quien ha optado por sentarse. El gentío parece desorientado, más aún cuando no sabes para que tienes una butaca bajo tu nalga. Me parece que ya he pisado tres veces al compañero que tengo a mi lado. Opto por no mirarle. Sale Ben y saluda, la gente se vuelve loca. Se coge la silla acolchada con una especie de manto-chilava, se sienta y con el único efecto especial de un foco, y casi en penumbra, coge su guitarra y empieza a deleitarnos. Es en esta fase del concierto donde descubro el verdadero calibre musical de este espigado afrouniversal. El sólo, frente a un auditorio expectante consigue mantenernos hipnotizados. "Another Lonely Day", "I Shall Not Walk Alone" y "Gather´ Round The Stone" empiezan a desfilar por el repertorio. Termina por cautivarme. La modulación y control de su voz es bestial. Aún cuando parece que rasga su garganta o que entona un hilo casi imperceptible, sabes que responde a un diseño milimetrado de su melodía. Comprendes que no hay trampa ni cartón sino la honestidad de un músico descomunal, capaz de hacer que se te erice el bello en cada frase. Y aún cuando por circunstancias ajenas falla la técnica y se va el sonido...el público le rescata con una obación que dura los 30 segundos de lapsus. Y él nos recompensa recíprocamente con mayor implicación si cabe haciendo que probablemente sea la mejor versión de "Another Lonely Day" que se pueda imaginar. Así hasta 6 o 7 temas.
Y cuando habíamos alacanzado las dos horas pasadas de concierto, sale otra vez toda la banda ya en plan cierre. El guitarra con un maillot de euskaltel y Ben mucho más suelto, casi espídico subiendo y bajando, tocando con las baquetas, bacilando...se podía sentir el buen rollo que destilaban todos y cada uno de sus movimientos. En esta última fase se sale con "Burn One Down", casi un himno al estilo más Marleyniano (yo la elevaría a la altura de "Redemption Song" o "No Woman, No Cry") y el público se termina enamorando de la banda y del gran lider. Es curioso como dirige su mirada al publico haciendo un barrido como diciendo "hey, tio, te quiero!". Es una sensación indescriptible. Luego nos regala "Glory and Consequence", ese temazo con ese riff de guitarra maravilloso...Para terminar con un contundente "Better Way" y su desgarro de garganta (literalmente se come el micro), una manera mejor de hacer, de ver y de vivir. Simplemente maravilloso.

Un artista Honesto, comprometido con su trabajo, lo menos parecido a un divo de esos que recogen premios con ropa estrafalaria y frases bochornosas, de esos que se funden después de que termina su vídeo promocional, de esos que son moldeados por las multinacionales de la pachanga para encajar en los cánones que ellos mismos paradogicamente han creado. Y para ejemplo un botón: Cuando desde la organización le dicen que vaya terminando, se gira, para la banda y parece decirles..."Pero...¿habéis visto al público? ¿De verdad queréis que termine?" Me fui con la sensación de que las dos horas y tres cuartos que duró el concierto podían haberse convertido en cuatro horas si por el hubiera sido. Sin ninguna duda Ben Harper estubo Criminal, veredicto: Inocente.