"Buscad la belleza, que es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo"
Así terminaba Ramón Trecet su programa en Radio 3. La belleza ha perdido significado en la sociedad que me rodea.
Nos axfisian a imágenes bellas, proporcionadas, equilibradas, supuestamente ideales que terminan convirtiendo en referentes para la gente de hoy. Nos piden que seamos etérnamente jovenes y consiguen que nuestro espíritu envejezca frustrado. Nos hacen comprar envoltorios lustrosos pero huecos. Nos venden "glamour", nos invitan a ser "fashion". Nos piden que llenemos nuestros vacios con "belleza", para como dice el personaje que tan magistralmente interpreta en American Beauty Annette Bening (Carolyn) "proyectar hacia los demás una imagen de exito". Un jardin con Rosas Rojas y un Salón Vacio. Esa es la mentira que nos venden.

Yo busco tambien la belleza, no para atraparla y exhibirla. Me invade la belleza al escuchar la Fender Stratocaster de Jimi Hendrix si decide hacerme volar con su "little wing". Existe una belleza que hace que te estremezcas al contemplarla. Contemplar un atardecer por ejemplo en Laga, no para capturar el instante y sumar una foto más al album del tiempo que se escapa, sino para temblar al comprobar la inmensidad del mar y ver como tu corazón se tiñe de ocre. La belleza es la experiencia personal de comprender que cada día es un milagro. 
La belleza es la sonrisa que esbozas cuando escuchas mi última gilipollez. No es una sonrisa Colgate, porque surge del interior. No es una sonrisa de estudio, ni siquiera una sonrisa retocada en Photosop. Es una sonrisa verdadera porque la belleza es verdad, no es el destello de un anillo de compromiso sino el brillo de unos ojos llorosos cuando me dices que me quieres.
No existe belleza si no extiendo mi mano cuando caes al suelo, si no te pido perdón cuando te hago daño, si no te miro cuando me buscas.
