Tres, dos, uno...
Big Me
Foo Fighters
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Es domingo, me despierto a las 14:35 horas con una resaca elegante. Podríamos decir que anoche agarré un pedal de wah-wah (¡wao!) Como puedo llego a la mesa, como suele decir mi madre, "a mesa puesta" con ese retintín que deja muy a las claras que la mujer tiene un mosqueo bastante serio. Me siento mientras intento poner cara de persona competente, me retiro una legaña XL marca de la casa pero nada más ver el arroz con chorizo y pimientos marca de la casa también, noto que una fuerza extraña que parte desde lo más profundo de mis entrañas intenta violentamente que mi alma sea expulsada de mi cuerpo, evidentemente por donde muere el pez, por la boca. Gracias a mi destreza sobrenatural por retener almas etílicas en proceso de migración ascendente logro controlar la situación e ingiero unos granitos de arroz. Mi madre que se huele el pastel me mira como solo ella sabe mirarme-es capaz de hacerme sentir culpable con medio gesto- y sentencia de manera infalible: "hijo, sabes que solo tienes un hígado verdad, no tienes ni dos ni tres, tienes uno". Por un momento me sumerjo en mi cabeza como intentando buscar algún argumento en contra, pero un cerebro untado en litros de cerveza no es el mejor medio para encontrar respuestas y sin embargo se me vienen a la cabeza las palabras que el día anterior me dijo mi colega de escapada nocturna. Recuerdo que me habló sobre las dos veces que le había sido infiel a su chica. Posteriormente, ya no recuerdo en relación a que comentario alusivo hacia mi persona le contesté que por lo menos yo no le ponía los cuernos a mi novia. Y el tío, todo serio me dijo: "¿tu cuantas vidas tienes? ¿una verdad?"
Por una vez mi etilosa materia gris me ha sacado de un apuro. No tengo ni tres, ni dos. Amatxo, solo tengo una.
Habrá que exprimirla.
