Nieva
Tal y como presagiaba el grueso de meteorólogos de la escena mediática peninsular el tan an-helado temporal de frío polar (estaría bueno que viniera del Sahara) ha aterrizado en nuestra ciudad sepultando toda clase de microorganismos, virus y diría yo que incluso ciertos impulsos propios de la primavera). Precisamente ahora que tanto se hablaba de las consecuencias del cambio climático y de su inminencia, el destino se encarga de ganarle el pulso a los visionarios y profetas del apocalipsis. Percibo mayor influencia del efecto invernadero en el “modus operandi” de la derecha española de Zaplanas, Sangiles y Jimenez Losantos de turno que en el proceder de frentes y anticiclones (el de las Azores lo excluyo de la lista de fenómenos a los que me refiero.
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Echando la vista atrás, y escuchando la voz de la experiencia nos encontramos con el sorprendente acontecimiento que dice la leyenda sucedió un Agosto vitoriano en el que el cielo descendió suspendido lentamente en pedacitos. Probablemente entonces más devotos de lo que somos ahora se achacó el suceso a un milagro La virgen quiso que nevara en el mes de Agosto. Y la bautizamos como la Virgen Blanca, patrona de la fiestas de Vitoria cuya imagen descansa en la urna que corona la escalinata de San Miguel. Las tribus más alejadas de la civilización (que asquerosamente correcto puedo llegar a ser), relacionan los sucesos naturales con sus divinidades. No llueve, castigo de los dioses. Hoy en día la ciencia (mediatizada) a la que rendimos pleitesía casi dogmática ha creado un nuevo mito. La culpa la tiene los pedos que me tiro, que elevan en un grado al año la temperatura de globo terráqueo.
Hoy cuando volvía del curro y veía toda esa capa de nieve posada de forma tán elegante y redonda sobre los coches las farolas y los tejados se me ocurrían ideas poco actuales. No me refiero a Dios a quien no he visto hasta el momento, pero se ha alojado en mi pensamiento la idea de que lo que sucede diariamente pende de los hilos de un destino caprichoso. Como si de un mito se tratara se van desencadenado los acontecimientos que lo impregnan todo de bucles, coincidencias y supersticiones. ¿Los meteorólogos de la prensa, radio y televisión predicen el temporal o es al contrario, el temporal, consecuencia de los caprichos de los nuevos gurús de la civilización (televisión/radio/prensa escrita y digital). Todos creemos que la felicidad provoca en la persona la sonrisa, sin embargo hay quien sostiene que sonreír sin tener una razón aparente para ello provoca una emoción similar en el ser humano que desencadena en un sentimiento placentero. Y , ¿Que es la felicidad más que el placer prolongado en el tiempo? Yo no descartaría que Dios fuera un meteorólogo torrao del aburrimiento.


Tocapelotas, para servirle dijo
eufemismo:
(Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός).
1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.
A ver si nos empapamos más de los "recursos" literarios. El frío polar no es un eufemismo, sería como "subir para arriba o bajar para abajo". Es otro recurso. Mañana la resolución.
Pd. Si me retiras el saludo lo entendería.......yo me lo retiraría si pudiera!!
22 Marzo 2007 | 07:34 PM